¿Cómo convertir un hobby en un sustento exitoso?
Ingrid es una mujer cuya vida ha estado marcada por la resiliencia y el deseo de salir adelante, no solo por ella, sino también por su familia. Nacida en Barquisimeto, Venezuela, trabajó durante años en distintas fábricas y más tarde en el área de mercadeo, impulsando productos y aprendiendo de ese mundo. Un día se inscribió en un curso gratuito de preparación de alimentos para aprender a fabricar chorizos, algo que siempre le había apasionado. Sin saberlo, ese pasatiempo se convertiría en su sustento en uno de los momentos más difíciles de su vida.
Hace tres años, la vida de Ingrid dio un giro definitivo. En Venezuela, la dolarización de los productos básicos, especialmente los alimentos, volvió casi imposible cubrir las necesidades de su familia. Con el corazón lleno de incertidumbre, pero también de esperanza, decidió dejar atrás su hogar y cruzar la frontera en busca de un nuevo comienzo para ella, su madre y sus hijos.
Como muchas personas venezolanas en Colombia, Ingrid encontró en el trabajo independiente una manera de reconstruir su vida desde cero. Según la Organización Internacional para las Migraciones, el 73 % de esta población trabaja por cuenta propia, y la mayoría lo hace en condiciones de informalidad (98 % de los independientes). Dentro de ese panorama, el sector de alimentos y bebidas reúne cerca del 17,82 % de las ocupaciones, un espacio donde miles de historias, como la de Ingrid, se cocinan cada día con esfuerzo y dedicación.
Un nuevo comienzo lejos de casa
“Uno llega con las manos vacías, con expectativas de qué hace, uno buscaba empleo en cosas de limpieza, porque en fábricas siempre te piden requisitos que uno tiene como los permisos y esas cosas, después fue que habilitaron para sacar el Permiso (PPT) aquí y aproveché y me lo saqué, hasta el bebé ya lo tiene, porque eso ayuda para acceder a salud y esas cosas por ser migrante.”
Al llegar a Chía, Ingrid empezó trabajando en oficios de limpieza, pero pronto recordó lo aprendido en el curso de preparación de alimentos y vio en ese conocimiento una oportunidad para reinventarse. Así nació Chorifres, un emprendimiento familiar lleno de sabor, trabajo y sueños.
“Empecé de a poquiticos, en bolsitas plásticas yo con un cuchillito le ponía el cierre para que quedaran cerraditos y fuimos a personas amigas, cercanas, los invitábamos a hacer parrilla, y los hacíamos y les dábamos a probar, con arepitas, con salsa de ajo, salsa tártara, con guasacaca, que aquí le dicen guacamole. Quedaban encantados, y así fue de voz en voz, a los vecinos, y fuimos ganando más clientes.”
En medio de ese proceso de emprender, Ingrid conoció el programa ADN Dignidad a través del Consejo Danés para Refugiados y empezó a recibir asistencia monetaria hacia la seguridad alimentaria. Más adelante, se vinculó a la Ruta de Emprendimiento, donde fortaleció su idea de negocio y aprendió nuevas herramientas para hacerlo crecer. Hoy vive de la fabricación de chorizos con Chorifres. Hasta el momento, produce alrededor de 150 unidades para la venta, un proceso que le toma tres días de elaboración porque es un producto 100 % artesanal. Como ella, cerca de 3.217 emprendimientos del sector de alimentos han sido acompañados por ADN Dignidad en diferentes regiones del país, impulsando la generación de ingresos y la integración económica de sus participantes.
El futuro se cocina con esfuerzo
“Desde que empezamos el curso con el Consejo Danés, creamos redes sociales, que yo no tenía, y empezamos a sacar promociones. Ahora tengo también WhatsApp, le muestro a los clientes cómo se prepara todo para tener así más público, y más personas ahora consumen los chorizos.”
Gracias a ADN Dignidad, Ingrid no solo recibió apoyo económico, sino que también se formó en todo lo necesario para fortalecer su emprendimiento.
“En el curso te capacitan sobre cómo llevas un proyecto, porque te enseñan todo: el logo, las redes sociales, a cómo tienes que enseñar el producto, cómo tienes que poner tu producto, todo bien especificado, el que tú tengas que tener tu uniforme que te identifique, cómo sacar las cuentas de cantidades, los costos, nos enseñan todas las áreas sobre el proyecto.”
A pesar de las dificultades, Ingrid ha encontrado en su talento y esfuerzo un camino hacia la independencia y el éxito. Hoy mira el futuro con optimismo y un sueño claro: “Quiero que mis chorizos lleguen a más lugares. Primero en Chía, y luego en todo el país”, dice con una sonrisa que refleja el orgullo por todo lo que ha logrado.






